¿El chupete perjudica la salud bucodental a largo plazo?

Cuando era pequeña (con un añito, o así), mis padres me decían que el chupete era malo, que, si lo seguía usando, se me iba a torcer la boca, a caer los dientes que tenía y que nunca me saldrían los nuevos de adulto. Ahora sé que era un poco para meterme miedo, pero… eso, con los años, me hizo pensar: ¿qué tan bueno es alargar el uso del chupete para los dientes? ¿Es realmente malo usarlos más de lo debido, o son tonterías de adulto para asustar a los niños?

Hoy quiero darle respuesta a una pregunta que me ha rondado en la cabeza varios meses: ¿es bueno que un bebé use más de lo debido el chupete? ¿Perdujica en algo a los dientes?

 

¿Por qué el chupete calma tanto a un niño que está en plena llantina?

Cuando el bebé está en pleno llanto, el chupete suele ser la solución más rápida: se lo das, chupa un poco y ya se calma. La succión relaja y les recuerda a algo que ya conocen, que es la teta de la madre. Por eso, el chupete los ayuda mucho durante los primeros meses de vida.

Si se usa varias horas al día durante varios años, la cosa es diferente, porque la boca del bebé está creciendo desde que nace: la lengua, los labios y los dientes se adaptan a lo que tienen dentro y, si el chupete está siempre ahí, haciendo presión, la lengua se va hacia abajo, los dientes delanteros reciben presión constante y la forma de morder empieza a cambiar.

Esto no ocurre de golpe, ni mucho menos, pero, con el tiempo, pueden separarse los dientes de arriba, costar cerrar bien la boca o morder de forma rara. También puede influir en cómo el niño traga o pronuncia algunos sonidos cuando empieza a hablar.

Además, la edad importa, y mucho. Durante el primer año, el chupete suele ser una ayuda y no tener grandes consecuencias, pero tras esto es necesario empezar a limitar su uso: usarlo solo para dormir y retirarlo durante el día, por ejemplo, ya hace mucho. Cuanto antes se deje, más fácil resulta que la boca vuelva a colocarse sola.

 

¿Cómo afecta el chupete al crecimiento de la boca?

Sin duda, si alargas el tiempo de uso del chupete más de la cuenta, además de afectar a los dientes de leche, también puedes influir en cómo saldrán los dientes de adulto.

La boca de un bebé cambia muy rápido, como ya sabes: los huesos crecen, los dientes empiezan a salir y la forma de morder se va formando poco a poco. Todo eso se adapta a lo que el niño hace cada día y, si el chupete está muchas horas en la boca durante mucho tiempo, la boca se acostumbra a esa forma y a esa posición.

Cuando el bebé chupa el chupete, la lengua se queda más baja y empuja hacia delante. Si esto pasa a menudo, el paladar puede estrecharse y los dientes de delante pueden irse hacia fuera. Con el tiempo, los dientes de arriba pueden separarse, la boca empieza a no cerrar bien o la mordida puede quedar descolocada.

Los labios también cambian su forma de apoyarse y eso puede influir en cómo el niño traga o empieza a hablar. Al final todo está conectado: la lengua, los dientes y la forma de morder funcionan juntos, y algo que le haga funcionar mal, afecta al conjunto completo.

Los dientes de leche importan más de lo que parece porque, aunque se caigan, marcan el espacio y el camino de los definitivos. Si la mordida se altera desde pequeño, el cuerpo se adapta a eso y luego corregirlo suele llevar mucho más tiempo.

Por eso, lo correcto es usar el chupete para dormir o calmar un momento, pero no usarlo casi todo el día. Cuanto más se alarga el hábito, más se nota en la boca.

 

La edad importa y mucho más de lo que parece

Muchas familias preguntan hasta cuándo resulta adecuado el chupete. Lo cierto es que cada niño avanza a su ritmo. Aun así, la experiencia general muestra una idea bastante compartida.

Durante el primer año de vida, como ya hemos comentado, el chupete cumple su función principal sin que haya muchos inconvenientes en el desarrollo. Entre el año y los dos años, es necesario empezar a observar y empezar a limitar su uso a momentos concretos, como el sueño. A partir de ahí, el impacto sobre la boca aumenta si el hábito sigue presente todo el día.

Fíjate en esto, por ejemplo: un niño que camina, habla y juega ya tiene otras formas de calmarse, como correr o saltar, y el chupete deja de ser una necesidad y pasa a ser una costumbre. En ese momento, acompañar la retirada resulta más sencillo de lo que parece.

Muchas familias temen el drama del abandono, pero lo cierto es que la experiencia muestra que, con paciencia y coherencia, el proceso suele ser más suave de lo esperado. Reducir el tiempo poco a poco, explicar con palabras simples y ofrecer alternativas de consuelo ayuda mucho.

Alargar el chupete por miedo a quitarlo suele dar más problemas después. En cambio, dejarlo a tiempo evita líos futuros con la mordida, los dientes y la forma de respirar.

 

¿Qué señales me indican que es hora de prestar atención al problema?

  • Espacio entre los dientes de arriba. Cuando el niño junta los dientes y ves que los de delante no se tocan o quedan separados, piensa que no es normal.
  • Dientes de arriba muy hacia fuera. Si sobresalen más de lo normal y destacan mucho al cerrar la boca, suele estar relacionado con el uso continuo del chupete.
  • Dificultad para cerrar bien la boca. Algunos niños dejan la boca medio abierta incluso cuando están tranquilos y sin el chupete. Eso también cuenta.
  • Forma de morder rara. Al morder, los dientes de arriba y los de abajo no encajan bien o parecen descolocados.
  • Cambios al hablar. Algunos sonidos cuestan más de lo habitual o aparecen pequeños ceceos que antes no estaban.
  • Manera de tragar distinta. La lengua empuja hacia delante al tragar en lugar de quedarse dentro de la boca.
  • Uso constante del chupete. Si el chupete está casi todo el día en la boca y el niño lo busca para cualquier cosa, es una señal clara.

Ver una de estas señales no significa que haya un problema serio de por sí. Muchas veces, al retirar el chupete, la boca se va corrigiendo sola poco a poco y con el tiempo, y los niños se adaptan muy bien cuando el cambio llega a tiempo.

Si aun así tienes dudas, puedes ir al dentista y preguntarle cómo va la boca para decidir con calma qué hacer. Él, además, también te dará tranquilidad si todo está bien.

 

Cómo elegir el mejor chupete para tu bebé

  • Tetina anatómica y flexible: Busca chupetes que se adapten al paladar del bebé. Esto evita que los dientes y la lengua se coloquen mal.
  • Tamaño adecuado: Cada etapa de crecimiento tiene su chupete. Usar el tamaño correcto evita presión extra en la boca.
  • Limpiar a diario: Mantener el chupete limpio evita infecciones y problemas en la boca.
  • Cambiarlo cuando se desgasta: Un chupete deformado cambia la forma de succión y puede afectar los dientes.
  • Uso limitado en el tiempo: El chupete debe usarse solo en momentos concretos, como para dormir o calmar un llanto. Evita tenerlo todo el día en la boca.
  • Desde Siero Dental, clínica dental con gran experiencia ubicada en Pola de Siero, aconsejan siempre elegir un chupete anatómico, usarlo solo cuando sea necesario y retirarlo poco a poco para que la boca del niño se desarrolle de forma equilibrada y evite problemas de dientes y mordida en el futuro.

Quiero que te quedes con esto: un buen chupete acompaña al bebé sin interferir en su crecimiento y su uso debe ser temporal.

 

Cómo retirar el chupete: pautas sencillas

Retirar el chupete es un proceso natural por el que el niño ha de pasar, y tienes que acompañarlo. Aquí tienes pautas claras para hacerlo:

  • Limitar momentos: Que el chupete se use solo para dormir y se guarde durante el día.
  • Reducir progresivamente: Primero quitarlo en la siesta y, después, en la noche.
  • Explicar al niño: Usa palabras sencillas para que entienda lo que va a pasar.
  • Celebrar logros: Cada día sin chupete merece reconocimiento.
  • Mantener firmeza y cariño: Ayuda al niño a sentirse seguro durante el cambio.
  • Respetar su ritmo: Cada niño necesita su tiempo para adaptarse.

 

Cuando lo acompañas, el trauma de separación del chupete es menor

Ten en cuenta que para él es un proceso traumático, pero, si se siente acompañado, todo es más sencillo para él. Piensa que está perdiendo algo que le da calma y seguridad, y por eso puede llorar o enfadarse. Si le hablas con palabras claras y le explicas lo que pasa, se siente más tranquilo. Por eso, hazlo poco a poco, deja el chupete solo para dormir y celebra cada día que lo consigue. Mantén firmeza, pero con cariño, para que vea que puede confiar en ti.

Fíjate en que esto también ayuda a su boca y dientes, porque  imitar el chupete ahora evita problemas de mordida y que los dientes crezcan torcidos. Es hora de acompañarlo sin presionarlo y dejar que se adapte a su ritmo.

Si lo haces así, el chupete dejará de ser importante y el niño lo aceptará mejor.

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