Durante años, la moda infantil ha vivido a la sombra de la moda adulta en lo que respecta a regulaciones, exigencias medioambientales y transparencia. Sin embargo, con las nuevas directrices que llegan desde la Unión Europea, el panorama empieza a cambiar, y lo hace tocando directamente a fabricantes, distribuidores y tiendas especializadas en ropa para bebés, niñas y niños. Las etiquetas que antes pasaban desapercibidas ahora deben contar muchas más cosas, y las composiciones de tejidos ya no pueden esconder información detrás de fórmulas vagas o poco concretas. Y es que la sostenibilidad, la trazabilidad y la protección del consumidor han pasado a primer plano también en el sector infantil.