Compré una casa con muchísima ilusión, porque tenía muchas ganas de empezar una nueva vida con mi esposo en un sitio que era precioso y coqueto. Tenía la cabeza llena de planes, de ideas, de cambios, de cómo iba a ir colocando cada cosa poco a poco hasta que aquello se convirtiera en mi sitio… ¿Alguna vez te has imaginado tu vida en un lugar antes incluso de empezar a vivirla? Pues algo así me pasó aquí, y no veía que pudieran pasar cosas malas.
Por eso, cuando la vi por primera vez con las llaves en las manos, consciente de que era mía DE VERDAD, de que esas paredes, esa tierra, esos muebles…, era todo mío, sentí un gran júbilo en mi estómago difícil de controlar. Vi las puertas, los muebles antiguos, el suelo de madera, las ventanas grandes… y todo me parecía maravilloso, como si solo faltase disfrutarlo.
Y claro, en ese momento yo no veía fallos, ni detalles raros, ni problemas por ninguna parte, todo era ilusión, de esa que te ciega un poco. Hsta que, sin darme cuenta, dejó de serlo y empecé a ver la otra cara de la casa… la que no sale en las primeras visitas ni en los anuncios de internet.
Los primeros días viviendo allí
La mudanza fue un caos total, con cajas por todas partes, bolsas abiertas, muebles medio montados… y yo intentando hacer vida una normal. Estaba trabajando por las mañanas, como mi esposo, y por la tarde lo que menos nos apetecía era ponernos a colocar las cosas, así que estuvimos varias semanas cansados y emocionados… pero con cajas cerradas por todas partes y sin encontrar nada cuando lo necesitábamos. Pero bueno, fuimos poniendo cada día alguna cosa: hoy una lámpara, mañana una estantería, luego ya por fin la mesa en el salón… Y yo feliz, pensando que ya lo tenía todo medio controlado.
Y sí, entre caja y caja no me puse a mirar dónde estábamos viviendo, estaba más en modo “sobrevivir a la mudanza” que en modo “analizar la casa”. Sí, no te confundas, ya la había visto varias veces antes de comprarla, pero estaba tan emocionada de que era un buen barrio, una casa pequeña pero bonita, y que podría ser mía si yo quería… que no miré nada malo de ella.
Entonces, semanas más tarde, cuando ya lo teníamos todo medio montado, me fijé en que el salón, que en teoría tenía ventanas grandes y mucha luz, no parecía tener tanta luz como a mí me habría gustado . Pensé en recolocar los muebles para que entrara más luz, pero nada.
Y luego vino el problema de la ventilación. Esto lo noté después de estar un rato dentro, porque empezana a costarnos respirar, nos dolía el pecho… y mi esposo, que de por sí es asmático, lo notaba mucho más que yo, así que me inquieté bastante. Yo abría las ventanas por la mañana y al principio parecía mejor un poco. Yo seguía con mis cosas, colocando cajas, montando muebles y avanzando con la mudanza…
El día que descubrí la humedad en la pared del dormitorio
Bueno, le tocó el turno al dormitorio, así que me puse a ordenarlo, pero entonces vi algo en la pared, una pequeña mancha oscura cerca de una esquina. Pensé que era una marca de pintura, pero me acerqué, pasé la mano por la superficie y noté que la pared estaba más fría de lo normal.
Pensé que quizá era una marca antigua, pero unos días después volví a fijarme y la mancha había crecido un poquito, solo un par de centimetros. Y entonces me llevé la smanos a la cabeza: humedad… lo peor para mí y mi esposo. Lo peor fue que encontré señales parecidas detrás de un armario y cerca de una de las ventanas del salón. Ninguna era demasiado grande, pero si había una o dos… ¿qué porcentaje real de la vivienda había sido afectado?
Fue el primer momento en el que pensé seriamente que el piso tenía problemas más profundos de lo que parecía durante la visita inicial.
Cuando el suelo de madera empezó a hundirse ligeramente
El suelo de madera siempre había sido uno de los detalles que más me gustaron del piso, me encanta la madera en muebles y en suelos, y este tenía un aspecto muy bonito. Durante las primeras semanas los pequeños crujidos al caminar incluso tenían cierto encanto.
Pero un día noté algo que, mientras caminaba por el pasillo, el suelo cedía bajo mis pies, noté una pequeña vibración y que mis pies se hundian un poco. No soy tonta, sé que en las casas antiguas los techos y los suelos de maderas ceden con el tiempo… pero no quería que fuese tan pronto, arreglar esas cosas no es barato.
Volví a caminar por el mismo sitio y me agaché para observar las tablas, y vi que algunas de ellas estaban un poco separadas entre ellas. Con el paso de los días, algunas empezaron incluso a curvarse ligeramente.
En ese momento empecé a conectar las piezas: humedad en las paredes, ventilación deficiente y madera afectada por la humedad acumulada durante años.
El piso tenía más problemas de los que parecía.
Cuando la casa empezó a afectar a nuestra salud
Mi pareja es asmática y empezó a tener más dificultades para respirar por la noche. Al principio decidimos quitarle importancia, pensar que era solo una tontería, quizá polvo de la mudanza o un cambio de estación… pero cada vez pasaban más veces.
Yo también empecé a notar algo raro después de pasar muchas horas trabajando desde casa. Me cansaba más de lo habitual, siempre tenía una presión en el pecho (como si mis pulmones no pudieran expandirse por completo), y empecé a toser de repente, también.
Al mirar cosas por internet, descubrí que la humedad constante dentro de una vivienda puede favorecer la aparición de moho microscópico en paredes y materiales. Y ese tipo de ambientes puede afectar bastante a las personas con problemas respiratorios.
Todo empezó a tener sentido en mi cabeza, la verdad.
La importancia de la ventilación y la luz natural
Una tarde me dio por intentar averiguar qué estaba pasando, porque ya no me cuadraba nada. Busqué cosas muy básicas en internet, en plan problemas de humedad en casas antiguas, pensando que quizá era algo típico y ya está, pero una cosa llevó a otra y descubrí algo de lo que nunca había oído hablar: la ventilación cruzada.
Esto es muy fácil de explicar: es cuando el aire entra por una parte de la casa y sale por otra distinta. Así, el aire circula todo el tiempo y el ambiente se mantiene fresco sin que tengas que estar abriendo ventanas cada dos por tres.
PERO nuestro piso pasaba justo lo contrario: todas las ventanas daban al mismo lado del edificio, así que el aire podía entrar, sí, pero no tenía una salida por otro el lado. Así que el aire se quedaba dentro mucho más tiempo del que debería.
También leí bastante sobre la luz natural: las casas que reciben más sol suelen tener menos humedad, porque la luz ayuda a secar las paredes, los suelos y los materiales. En nuestro piso, en cambio, la luz era bastante limitada durante buena parte del día.
El momento en el que decidimos reformar el piso
Al final siempre acabábamos diciendo lo mismo: “Esto no puede seguir así”. ¿Te ha pasado alguna vez eso de repetir la misma conversación mil veces porque no sabes cómo solcionarlo? Bueno, esta vez decidimos buscarle una solución de verdad.
Esa noche, en vez de quedarnos solo quejándonos, empezamos a pensar en cómo arreglarlo todo. ¿Y si cambiábamos la casa? Pero cambiarla de verdad. Cogimos un cuaderno que teníamos por ahí y empezamos a hacer dibujos súper simples, en plan cuadrados, líneas y flechas, un boceto. Nada técnico, solo imaginar cosas. “¿Y si abrimos la cocina al salón?”, “¿y si quitamos este tabique para que la luz llegue más lejos?”. Empezamos a tener muchas ideas en la cabeza.
De repente nos dimos cuenta de que no podíamos seguir viviendo así, pero era cierto que el piso tenía potencial si cambiábamos algunas cosas. Así que ahí mismo dijimos: vale, vamos a reformarlo. Y a partir de ese momento empezamos a mirar la casa con otros ojos.
El precio real de una reforma completa
Los arquitectos e interioristas expertos en el tema, Terreta Studio, nos explicaron que una reforma completa implica muchas más cosas de las que imaginábamos en un principio.
En nuestro caso había que:
- renovar completamente el suelo
- solucionar las humedades estructurales
- mejorar la ventilación
- actualizar instalaciones eléctricas
- renovar fontanería
- rediseñar la distribución
El presupuesto final rondaba entre 40.000 y 60.000 euros, dependiendo de materiales y acabados.Puede parecer mucho dinero (bueno, lo es, qué demonios) pero lo bueno es que una vivienda bien reformada aumentar bastante su valor en el mercado. Y eso, si en algún momento dentro de unos años nos arrepentíamos, nos haría más fácil venderla.
Consejos para quienes buscan una vivienda nueva
-Mira la luz sin engañarte: Cuando entres en una casa no te fijes solo en si tiene ventanas grandes, porque eso no significa nada. Quédate un momento y mira cómo entra la luz de verdad. ¿Ilumina todo el salón o solo un trozo? ¿Hay zonas que siempre se quedan oscuras? Una casa puede parecer luminosa cinco minutos y luego en el día a día ser bastante oscura. Y eso cambia totalmente cómo te sientes dentro.
-Fíjate en cómo respira la casa: Pregúntate por dónde entra el aire y por dónde sale. Si el aire solo entra por un sitio y no tiene por dínde salir, la casa se queda “cerrada” y el ambiente se vuelve pesado con el tiempo. Si puedes abrir ventanas en lados distintos y notas que el aire se mueve, ahí ya estás en otra historia. Esto lo aprendí a base de experiencia, y de ensayo y error.
-No ignores las paredes: Mira esquinas, techos, zonas detrás de muebles, si puedes… Busca manchas raras, pintura que se levanta o zonas más oscuras. La humedad no siempre se ve muy fáciol al principio, pero cuando aparece casi siempre es señal de que hay más en otras partes. Yo antes no le daba importancia y luego me arrepentí bastante.
-Camina el suelo de verdad: No te quedes solo mirando, pasea por la casa. Si notas zonas que crujen mucho, que se hunden un poco o que no suenan igual que el resto, apúntalo. El suelo dice más de lo que parece sobre cómo está la vivienda de verdad.
-Mira cómo están colocadas las habitaciones: A veces el problema no es el tamaño, sino la distribución. Hay casas grandes que son incómodas porque la luz no llega bien o porque el aire no corre. Hay que fijarse MUY bien en si todo está conectado o si hay zonas muertas.
-No te creas arreglos rápidos: Pintar paredes o cambiar suelos no va a solucionarte todos los problemas del mundo, te digan lo que te digan. Da igual que pongas una mano de pintura encima de la humedad, si no se arregla seguirá humedeciéndose. Si el problema es estructural, necesitas ir a la raíz, no taparlo.
-Piensa en cómo te hace sentir estar dentro: Si estás dentro de una casa y te notas cansado, incómodo o con el ambiente pesado, no es casualidad. La luz, el aire y la humedad afectan directamente a cómo estás cada día.
Cómo cambió la casa después de reformarla
La reforma duró varios meses, pero el resultado lo cambió prácticamente todo para nosotros, porque pudimos abrir espacios, mejoramos la ventilación y rediseñamos la distribución para que la luz natural pudiera llegar a más zonas de la casa. También solucionamos definitivamente el problema de las humedades y renovamos el suelo.
De verdad, el cambio fue enorme. El salón ahora recibe mucha más luz durante el día y el aire circula mucho mejor entre habitaciones. Pero lo más importante es cómo se siente la casa ahora. Si nos hubiésemos conformado con dejarla tal cual estaba, con el tiempo el asma de mi marido habría empeorado, o yo había empezado a tener problemas en los pulmones.
Sé que fue un gasto de dinero importante, pero ahora, sentada aquí, en el sofá, y escribiendo este artículo con mucha luz y una buena ventilación… lo agradezco muchísimo.


