Estas son las averías más habituales en las piscinas en invierno.

Los meses de otoño e invierno, en el que la piscina no se utiliza, es el periodo escogido por los propietarios para revisar las instalaciones y solucionar los problemas que hayan podido detectar. En este artículo nos centraremos, principalmente, en las averías que aparecen en invierno, aunque no exclusivamente. Es importante tenerlas en cuenta para saber donde hay que prestar una mayor atención.

Los técnicos en mantenimiento de piscinas recomiendan hacer una revisión completa en septiembre u octubre. El momento en el que la piscina ha dejado de utilizarse. Luego es adecuado efectuar una puesta a punto antes de la nueva reapertura.

Se recomienda no vaciar la piscina en invierno. Sale más costoso volver a llenarla y supone un desperdicio innecesario de agua. Ahora bien, para hacer esto, la piscina se debe cubrir con una lona, para que el agua no se ensucie y llevar a cabo un cierto mantenimiento para evitar averías.

Entre las tareas relativas a este mantenimiento se encuentra ajustar el pH del agua, asegurarnos de que se encuentra entre 7,2 y 7,6. De esta manera, el agua asimilará mejor los productos químicos que utilizaremos para el invernaje.

Antes de tapar la piscina deberemos realizar un tratamiento de choque de cloro, para eliminar restos de bacterias y hongos que pudiera haber en las piscinas, y que durante el periodo de inactividad es probable que se reproduzcan.

Por otro lado, debemos añadirle al agua un invernador. Un producto químico que se disuelve en el agua, que dificulta su congelación y mantiene un nivel adecuado de acidez en la piscina, prolongando el efecto bactericida del cloro.

Visto estos aspectos previos, vamos a detenernos en las averías más frecuentes que se dan en las piscinas. Un dato que orientará en cierta medida el enfoque que debemos darle al mantenimiento invernal.

Fugas de agua.

Los técnicos de Aranda Mantenimientos, una empresa de servicios con más de 25 años de antigüedad en Alicante y que tiene un departamento especializado en reparación y mantenimiento de piscinas, indican que una de las averías más frecuentes en estas instalaciones son las fugas de agua. Esto incluye las grietas que se pueden abrir en el revestimiento.

La bajada de las temperaturas puede provocar leves movimientos en el terreno. Al compactarse la tierra, o con la congelación del agua, se pueden dañar las paredes o el suelo de la piscina. Provocando grietas por donde se pierde el agua.

De la misma forma, las juntas o uniones de PVC pueden sufrir fugas, por las razones antes descritas.

Tanto si las fugas de agua han aparecido durante el periodo de uso de la piscina, como si han sido provocadas por las condiciones meteorológicas en las que se da el invernaje, este periodo de inactividad es el momento adecuado para solucionarlas.

Respecto a los daños en el revestimiento de la piscina, en ocasiones, poner parches de gresite suele ser suficiente para taponar la grieta. Estos parches se pueden colocar con la piscina llena. Para otras fugas de agua, más complejas, se realizan intervenciones más sofisticadas.

Fallos en la bomba y sistemas de filtrado.   

Durante el periodo prolongado del invierno, las bombas de agua de la piscina pueden atascarse por acumulación de cal o residuos. Esta parada también es el momento para revisar los filtros del sistema de depuración, pues es probable que debamos sustituirlos o limpiarlos a fondo.

La empresa fabricante de sistemas de filtrado para piscinas y depuradoras Quimipool insiste en lo importante que es poner en marcha el motor de la piscina en invierno. La bomba de agua debemos tenerla encendida en invierno todos los días durante media hora, aproximadamente.

De esta forma moveremos el agua de la piscina y dificultaremos su congelación. Al mismo tiempo, activaremos el circuito de depuración del agua, evitando que quede agua residual en el interior de los conductos, que pudiera congelarse y, por tanto, provocar daños mayores.

La bomba de agua deberíamos encenderla todos los días. Aunque sea por un periodo tan breve de tiempo. Los motores, si no se utilizan, terminan gripándose. Sus piezas se pueden oxidar o atrofiar, obligándonos en algunos casos a cambiar el motor por completo, lo que va a hacer que nos salga más caro.

Problemas eléctricos y de automatización.

Los circuitos eléctricos de la piscina se pueden estropear, tanto en invierno como en verano. El hecho de no usarlos no los protege de las averías. La humedad del entorno puede provocar daños en cuadros eléctricos, programadores y sistemas de iluminación.

Como es lógico, debemos revisarlos en la puesta a punto que realizaremos antes de la reapertura de la piscina. Esa revisión, más en profundidad, que efectuamos en primavera. De todos modos, no viene mal echar un vistazo a los componentes eléctricos de vez en cuando. Por lo menos un par de veces a lo largo del invierno.

Todas las averías que detectemos antes de la reapertura, es trabajo que nos quitamos de encima.

Los sistemas de automatización, como los programadores que ponen en marcha la bomba de agua y la apagan a la hora seleccionada, los medidores digitales de pH y los controladores de salinidad del agua, suelen contener componentes (placas de chips) electrónicos. Elementos que se pueden dañar con los picos de subida o bajada de tensión. Estos componentes son caros y a veces difíciles de conseguir de una manera rápida. Por lo que no es adecuado esperar a última hora para saber si funcionan o no.

Tuberías internas. 

Durante el invierno, las válvulas y las tuberías de una piscina son elementos especialmente vulnerables, ya que el frío, la falta de uso y la presencia de agua estancada pueden provocar daños de diferente tipo. Aunque muchas veces este daño no es visible a simple vista, los efectos se notan al volver a poner en marcha la piscina en primavera.

Uno de los principales riesgos es la expansión del agua al congelarse. Si quedan restos de agua dentro de las tuberías o válvulas, las bajas temperaturas pueden hacer que se congele, aumentando su volumen y provocando pequeñas fisuras o roturas en el PVC y en las juntas de conexión. Incluso en zonas donde las heladas son poco frecuentes, los cambios bruscos de temperatura pueden debilitar los materiales con el paso del tiempo.

Otro problema común es la acumulación de cal, suciedad y algas en el interior de las tuberías Durante meses de inactividad, estos residuos pueden  crecer, obstruyendo el paso del agua y dañando las juntas y mecanismos de cierre de las válvulas. Por eso, antes del invernaje es importante purgar las tuberías, vaciarlas parcialmente y aplicar productos antical.

En cuanto a las válvulas, conviene accionarlas cada cierto tiempo durante el invierno, aunque la piscina no esté en uso, para evitar que los mecanismos internos se agarroten o endurezcan. En la revisión previa a la temporada de baño, es recomendable comprobar que no haya fugas, pérdidas de presión y ruidos inusuales en la red de cañerías.

Acumulación de algas y suciedad.

Si el agua de la piscina está sucia, es posible que se acumulen algas y suciedad en las paredes y el fondo. La limpieza de estas partes de la piscina es una tarea fundamental. Hace referencia a la seguridad sanitaria de las instalaciones. Como indica la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia, el uso de la piscina entraña riesgos para la salud. Riegos de los que deben ser conscientes los usuarios y propietarios. Algunos de estos riesgos están asociados con la suciedad.

En una piscina con suciedad es más probable que proliferen hongos y bacterias, que después en la temporada de baño, pueden producir enfermedades como el pie de atleta, dermatitis o diarreas provocadas por bacterias como la Escherichia coli.

Es habitual, antes del invernaje y en la puesta a punto que efectuamos en primavera, limpiar la superficie del agua de hojas y objetos flotantes con una red de mano. Sin embargo, si la suciedad se ha depositado en las paredes y el fondo, esta limpieza nos sirve de bien poco. La suciedad, unida al entono húmedo de la piscina, favorece la proliferación de patógenos.

Elementos de mobiliario.

Aunque este es un aspecto fácilmente detectable, no podemos olvidarnos de él. Me refiero a revisar las escaleras de la piscina, el trampolín y los elementos de mobiliario que tengamos en las instalaciones.

Asegurarnos, por ejemplo, de que los escalones de las escaleras de salida de la piscina no tengan bordes que puedan producir heridas, y que la escalera está bien fijada, evitará accidentes durante su uso.

El abandono, por parte de los propietarios, o un uso irresponsable de estos elementos por parte de los bañistas, pueden provocar desperfectos en estos elementos, a los que en principio no les damos importancia, hasta que sucede un accidente.

Reparar o instalar estos complementos no suele ser complicado, ya que muchas de sus partes están atornilladas. Su sencillez no nos puede inducir a la desidia.

No olvidemos que detectar las averías lo antes posible y repararlas con premura es la base para evitar complicaciones mayores y conservar la piscina en perfectas condiciones.

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