Hay muchas cosas que pueden generar un mal estado de salud mental. Por desgracia, tenemos un montón de ejemplos a día de hoy que podrían ser tenidos en cuenta para este asunto. El trabajo es una fuente de problemas de este tipo, lo estamos viendo de manera continua entre nuestros familiares, amigos e incluso en nosotros y nosotras mismas. Pero, en el artículo de hoy, lo que vamos a tener en cuenta es un problema que viene derivado no del trabajo, sino de todo lo que respecta a un asunto como el amor, que es una fuente de problemas de este tipo si no trabajamos en nosotros y nosotras mismas.
Para ello, os voy a contar una historia personal que necesito sacar de mí. Siempre me han dicho que una de las mejores terapias que existen es la de escribir las experiencias personales por las que he pasado y que me han hecho daño y es lo que procedo a hacer a continuación. Hasta hace un par de años, yo era plenamente feliz porque tenía una relación con la que en su momento era mi novia. La relación duraba ya cerca de 9 años, estábamos viviendo juntos y la convivencia era muy buena. Habíamos hablado alguna vez incluso de la posibilidad de casarnos, aunque es cierto que siempre habíamos llegado a la conclusión de que lo mejor era esperar un poco más.
De repente, pasó algo que cambió mi vida y mi manera de percibir las cosas por completo: mi novia me propuso que nos convirtiésemos en una pareja abierta, además de nuestra relación, otras relaciones más allá de nosotros mismos. Eso, para mí, fue un shock muy grande. Yo le transmití que eso me parecía jugar con fuego, que estábamos poniendo en peligro nuestra propia historia de amor, pero lo cierto es que ella no entró en razones y quiso seguir adelante con ese plan. Estuve barajando muchas cosas en mi cabeza porque no quería perderla y sentí que no me quedaba más remedio que aceptar. Eso fue lo que hice.
La cosa duró muy poco porque descubrí que lo de la relación abierta lo había propuesto porque ya tenía a otro esperando. Cuando me di cuenta de eso, ella empezó a verse con él mientras yo todavía estaba tratando de encajar el golpe, sentí que aquello se tenía que acabar. Esperé un par de semanas y mantuve una conversación con ella después. Tengo que reconocer que no fue nada fácil tener esa charla, pero al menos conseguí que la relación terminara y dejar de sufrir como lo venía haciendo. El sufrimiento no se marchó del todo porque 9 años de relación son muchos y cuesta comprender que eso se acabó, pero al menos sentía que ya no estaban jugando conmigo como ella lo venía haciendo.
Lo que vino después tampoco me dejó muy satisfecho. Cuando salí de esa relación, empecé a salir un poco más con mis amigos y a estar abierto a posibles opciones que pudieran surgir. No me importaba de qué tipo fueran: una relación seria, algún «rollo», solamente de carácter sexual… estaba abierto a cualquier cosa que me apeteciera y la verdad es que unos meses después de haberlo dejado con mi ya exnovia, me iban surgiendo diferentes tipos de relaciones (como las que os comentaba)… y la que más me convenció fue la que me proponía una compañera de trabajo.
Le trasladé a ella misma la posibilidad de que tuviéramos algo no serio entre nosotros… y aceptó. Al principio todo era del color de rosas, la verdad. Nos gustaba el mismo tipo de cosas y no sentíamos la presión típica de las relaciones de pareja, esa presión que surge de las obligaciones que tienes que asumir con ella en materia familiar, de amistad… Sin embargo, hubo algo que empecé a notar en mí y que me estaba empezando a generar problemas: yo era dependiente emocionalmente de esa compañera de trabajo… y a veces ella era un poco fría cuando hablaba conmigo por WhatsApp. Eso me afectaba mucho y me hacía sentir mal desde el punto de vista mental.
Eso me estaba afectando en el resto de mi vida. En el trabajo no podía concentrarme bien, cuando salía de allí, mi vida privada dependía de que ella me contestara al whatsApp y los proyectos personales que tenía en mente no salían adelante a causa de esto. Las cosas tenían que cambiar y fue cuando me di cuenta de esto cuando empecé a sondear la posibilidad de acudir al psicólogo. Creo que siempre es necesario hacerlo y, en una situación como en la que yo me encontraba, sentía que era lo ideal para saber qué hacer con mi vida. Además, quería que me atendieran cuanto antes porque notaba la depresión sobre mi espalda.
La psicóloga que escogí para darle la vuelta a mi vida fue Ángela Rodríguez porque, en su consulta, tenía la especialidad de tratar casos de ruptura sentimental y dependencia emocional, que era justo lo que me había pasado primero con mi novia y después con la compañera de trabajo con la que tenía ese rollete con ilusiones de futuro del que os hablaba antes. Me enseñó una buena lista de técnicas para tratar este tipo de problemas (una de ellas es la que estoy poniendo en práctica aquí mismo, la de escribir mis experiencias aunque solo fueran para mí mismo) y tengo que decir que, después de un tiempo, me encuentro mucho mejor de lo que me encontraba.
Sigo quedando con mi compañera de trabajo, pero ahora las cosas me las tomo de otra manera muy diferente a como lo hacía antes. Ya no estoy continuamente pensando en si es demasiado fría o no, sino que me limito a disfrutar de los momentos que comparto con ella, que no son muchos (ella es madre de dos hijos) pero son intensos. Mi salud mental, como consecuencia de todo esto, ha mejorado un montón y ahora sí que tengo la sensación de estar mucho más centrado en aquellas cosas importantes que también ayudan a definir cómo es mi vida y el bienestar emocional y físico que tengo.
Servicios que son más necesarios que nunca
Mi situación no ha sido fácil, pero no soy el único que he pasado por cosas como las que he descrito más arriba. Y tengo maneras de argumentarlo. Proceso a ello a continuación:
- De acuerdo a lo que informa una noticia publicada en la web del diario Abc en abril del año pasado, en España se rompe un matrimonio cada 6’2 minutos. Y eso que estamos hablando de matrimonio, no de pareja que no se haya casado… Como veis, las rupturas son algo bastante habitual en los tiempos que vivimos y es algo que tenemos que aprender a superar porque lo cierto es que la vida sigue y no se detiene ante nadie. Y hay que vivirla antes de quedarnos pensando en lo que pudo haber seguido siendo nuestra relación y no fue.
- Según lo que apunta otra noticia, en este caso publicada en la web de Listín Diario, entre un 5% y un 15% de la población está afectada por aquello que conocemos como dependencia emocional, que es lo que me martirizó a mí durante tanto tiempo y que me jugó malas pasadas sobre todo a nivel mental. Este es un tema que debemos mantener siempre a raya porque no es bueno que la salud de nuestra mente esté en manos de otra persona. De ese modo, perdemos el control absoluto sobre nuestras vidas y no es eso lo que más felices nos va a hacer.
Todo esto demuestra que servicios como a los que yo acudí para vencer mi malestar son más necesarios que en ningún otro momento. Nunca ha habido tantas rupturas sentimentales como ahora y, en lo que respecta a la dependencia emocional, también viene reportándose crecimientos en los últimos tiempos. La gente necesita ayuda para superar ese tipo de momentos y la verdad es que ese siempre va a ser el primer paso para tratar de corregir todo lo que creamos que tiene que ser corregido. ¿El objetivo? Está claro: hacer que podamos gozar de un bienestar emocional que le va a dar aire a nuestra vida. Un aire sin en el que no podemos vivir, sin el que nos ahogaríamos poco a poco.
A mí me ha ayudado mucho poder acudir a una psicóloga y que me haya puesto en bandeja maneras de combatir los peligros que supone el hecho de ser dependiente emocionalmente de alguien o el haber roto con mi pareja de hacía muchos años. Pero es que, amigos y amigas, sabed que la vida sigue, que siempre hay objetivos y sueños por cumplir, maneras de ser felices. Pero tenemos que salir a por ellas y no quedarnos postrados en la cama o en el sofá. Hay que tener ambición y eso es en lo que más he ganado yo en los últimos tiempos.


